Mamá, ¿qué es esa A dentro de un círculo?

Un día soleado de Enero, Andrea llevaba a su hijo Nicolás al colegio, como de costumbre, pasando por la zona céntrica de la ciudad. Aún había restos de humo por la batalla campal que había tenido lugar la noche anterior.
De repente, Nicolás se detuvo sobre unos cristales y los restos de un contenedor calcinado. Uno de los escaparates tenía un agujero del tamaño de una piedra mediana, y al lado había una pintada de spray en negro.
-Mamá, qué es esa A dentro de un círculo?- preguntó Nicolás. -Pues verás hijo, esa A la han pintado los mismos macarras que han roto el cristal y han quemado este contenedor. Los mismos hijos de... que le han rayado toda la puerta del coche a tu padre. -Halaaa... Pero, por qué lo rompen? si no les ha hecho nada! -Pues porque son así hijo, porque no tienen nada mejor que hacer. Son unos descerebrados que no fueron al colegio, y que tampoco quieren trabajar, y no tienen nada mejor que dedicarse a romper lo que pagamos entre todos. Así que venga, vámonos no vayas a llegar tarde al colegio y acabes siendo tú uno de ellos.- dijo Andrea.
En ese momento, al reanudar la marcha, Andrea resbaló con los cristales y cayó al suelo con un golpe sordo. Un chico joven de unos 25 años se acercó a ayudarla. El chaval llevaba un curioso parche negro en el ojo izquierdo. Tras levantarla y limpiarle los cristales del abrigo, el chico se dirigió a Andrea: -Se encuentra bien señora? -Ay sí pero me duele un poco la espalda... vaya golpe más tonto... todo por los malditos cristales, por culpa de los desgraciados esos que no tienen nada mejor que hacer! -Tranquilícese por favor, no ha sido culpa de nadie, ha sido un accidente. -Cómo que no ha sido culpa de nadie, me podía haber matado por culpa de esos gamberros. Si no andaran rompiendo cristales no me habría tropezado!- dijo Andrea exaltada, mientras Nicolás permanecía callado con la boca abierta.
En ese momento se hizo un silencio un poco tenso, y el rostro del chico del parche se volvió completamente serio.
-Señora, acaso sabe usted quién ha roto ese escaparate?- dijo el chico, mientras la rabia que contenía apretando su mandíbula se escapaba en forma de lágrima por su ya único ojo.
Andrea dudó, y confusa, guardó silencio. En ese momento Nicolás tomó la palabra:
-Sí lo sabe, que me lo acaba de decir!
El chico sonrió, mientras la lágrima se desviaba por la comisura de su boca.
-Ah sí?- dijo el chico sonriendo- Y quién lo ha hecho, pequeñín? -Los de la A que hay pintada al lado!- contestó Nicolás ilusionado por saber la respuesta.
El chico miró de reojo en ese momento a Andrea, la cual seguía confusa y sin articular palabra. Por ello, el chico se volvió a dirigir a Nicolás:
-Cómo te llamas, pequeñín? -Me llamo Nicolás y no soy pequeño! Ya tengo 7 años y medio! -Oh! Perdona Nicolás, no sabía que ya eras tan mayor.- dijo el chico con su misteriosa sonrisa.- Y dime Nicolás, sabes por qué sé que no fueron los de la A? -No, por qué? -Porque yo estaba aquí anoche, cuando lo rompieron. -Y quién fue? quién tiró la piedra?- dijo Nicolás impaciente. -No fue una piedra, Nicolás. -Y qué fue? qué fue?
El chico bajó la vista al suelo, y se agachó para revolver entre los restos del contenedor calcinado hasta que sacó un objeto y se lo enseñó a Nicolás.
-Esto.- dijo enseñando el objeto. -Hala hala! yo sé lo que es eso!- dijo Nicolás ilusionado de nuevo, ya que esta vez estaba seguro de lo que era- Es una de esas cosas de humo que tira la policía verdad!? verdad!? -Exacto.- dijo el chico mirando de reojo de nuevo a Andrea.- Es lo mismo que me hizo perder este ojo hace 1 mes.
Nicolás abrió sus ojos como platos, horrorizado por el hecho de que se daba cuenta de que bajo aquel parche no había ningún ojo.
-Hala! y por qué? por qué te hicieron eso?- preguntó Nicolás intrigado- Fue porque hacéis pintadas con esa A? -No fue sólo por eso, Nicolás, fue porque protestamos contra las injusticias. -Qué es una injusticia? -Pues a ver... en tu clase hay algún niño que os quite las cosas? -Sí! sí! en mi clase hay uno se llama Antonio y se porta muy mal. Nos quitaba siempre la merienda del recreo y no nos podíamos chivar a los profes porque nos pegaba! -Y qué hicísteis? -Pues nos juntamos todos los que nos portamos bien y le dijimos que parara de hacer eso porque ya no le íbamos a dejar nunca más. -Pues lo mismo estaba haciendo yo, Nicolás. Pero a mí no me pegaron, me sacaron un ojo. -Pero por qué? a ti qué te hicieron? -Has oído que hace un mes murió un chico del barrio por un disparo de la policía? -Sí, me lo dijo mamá, pero me dijo que también era de los que se portaban mal, los gamberros esos.
El chico miró a Andrea que ya estaba ruborizada, con la mirada perdida en el suelo. Tras ello se volvió a dirigir a Nicolás.
-Pues ese chico, era mi hermano pequeño, Alejandro. Y a él en vez de pegarle o sacarle el ojo, le mataron. -Hala! pero por qué!- dijo Nicolás horrorizado. -Por protestar contra las injusticias, nada más.
Andrea, que sentía ya vergüenza ajena de si misma, se dirigió al chico pidiéndole sinceras disculpas, y dándole el pésame por la muerte de su hermano. En ese momento un coche patrulla que pasaba por la zona, se paró justo a la espalda del chico. Los agentes le miraron de arriba abajo mientras hablaban apresurados por sus walkies. En ese momento se bajaron del coche bruscamente y comenzaron a andar hacia el chico. Andrea, con la boca abierta por la confusión de la situación, no podía articular palabra, y lo más que pudo hacer fue señalar con el brazo a los policías. Pero lo hizo demasiado tarde, y cuando el chico del parche se giró, ya se le habían tirado encima y estaban esposándole.
-Oigan agentes que este chico no ha hecho nada! Déjenle! Me acaba de ayudar cuando me caí en los cristales!- dijo Andrea. -Cállese señora! Que no tiene usted ni puta idea de quién es este delincuente. CIRCULE! -Oiga a mí usted no me hable así desgraciado! -CIRCULE! -Que le suelte he dicho! Que no ha hecho nada!- dijo Andrea mientras se unía al forcejeo con los agentes.
En ese momento, el policía que le estaba gritando, le dió uno porrazo a Andrea en el cuello, haciéndole caer al suelo inconsciente. Nicolás empezó a llorar.
-Por qué pega a mi madreee!!! Por qué!!! Gili-pollas!- dijo el pequeño Nicolás mientras intentaba inutilmente que no se llevaran al chico del parche.
El otro agente se libró del niño con un meneo, haciéndolo caer al suelo junto a su madre inconsciente, donde se quedó llorando. Los policías metían entre golpes al chico del parche dentro del coche patrulla. Justo después de cerrar la puerta, mientras los agentes se preparaban para irse, Nicolás miró al chico del parche que le devolvió la mirada con su único ojo. Nicolás no le oía porque la ventana estaba cerrada, pero podía distinguir en sus labios unas palabras que repetía todo el rato: "Tranquilo, no llores".
El coche patrulla se alejó por la céntrica calle entre los escombros de los disturbios. Tras ello vino gente a socorrer a Nicolás y a su madre inconsciente, la cual se recuperó al cabo de un rato.
Estaban bien de nuevo, pero para Nicolás y para su madre Andrea, esa A dentro de un círculo, había adquirido un nuevo y completamente diferente sentido. El de la lucha por la libertad.
FIN.



























Miguel Marín Pérez dijo
Un kuento muy bonito. Me ha gustado, me ha gustado. Ah! Y mutxísimas grazias por tu komentario en mi blog sobre lo de ESKORBUTO.
6 Febrero 2009 | 11:00 AM