ANARQUISMO: LO QUE SIGNIFICA REALMENTE (part. 4)

Todavía más fatal aún es el crimen de convertir al productor en un mero engranaje de una máquina, con menos deseo y decisión que su
organizador de acero y hierro. Al hombre no sólo le están robando los productos de su labor,
sino también el poder de la libre iniciativa, de la originalidad y el interés en o el deseo por las
cosas que está haciendo.
La verdadera riqueza consiste en objetos de utilidad y belleza, en cosas que ayuden a crear
cuerpos fuertes y preciosos y alrededores que inspiren a la vida. Pero si el hombre está
condenado a enrolar algodón alrededor de la rueca, o cavar carbón durante toda su vida, no
puede hablarse en ningún caso de riqueza. Lo que da al mundo son solo cosas grises y asquerosas, reflejo de su aburrida y odiosa existencia,--muy débil para vivir, muy cobarde para morir. Suena extraño el decirlo, pero hay personas que ensalzan el mortal método de la producción centralizada es el logro de más orgullo de nuestra era. Éstos fallan absolutamente,
al no enterarse, de que si continuamos con esta docilidad mecánica, nuestra esclavitud será
más completa que lo que fue nuestra unión al Rey. Ellos no quieren saber, que la centralización
no es sólo el toque de muertos de la libertad, pero también de la salud y la belleza, del arte y la ciencia, todas estas siendo imposibles en una atmósfera mecánica parecida a un reloj.
El Anarquismo no puede sino repudiar tal método de producción: su meta es la expresión más
libre posible de todos los talentos del individuo. Oscar Wilde define una personalidad perfecta
como "una que se desarrolla bajo condiciones perfectas, que no ha sido herida, mutilada ni ha
estado en peligro." Una personalidad perfecta, entonces, sólo es posible en un estado de la
sociedad, donde el hombre sea libre de escoger el modo de trabajo, las condiciones de trabajo
y la libertad para trabajar.
Una, para quien la fabricación de una mesa, o la preparación de la tierra, es como la pintura
para el artista y el descubrimiento para el científico,--el resultado de inspiración, de intenso deseo y un interés profundo en el trabajo como una fuerza creativa. Siendo ese el ideal del Anarquismo, la organización económica debe consistir en la producción voluntaria y
asociaciones distributivas, gradualmente desarrollándose en comunismo libre, como el mejor medio de producción, con el menor de energía humana. Aunque el Anarquismo también
reconoce el derecho del individuo, o números de individuos, para acomodar todo el tiempo otras formas de trabajo, en armonía con sus gustos y deseos.
Tal exhibición libre de energía humana es posible sólo bajo la libertad completa, individual y social. El Anarquismo dirige sus fuerzas en contra del tercer y mayor enemigo de toda equidad social, esto es, el Estado, la autoridad organizada o ley estatuaria,--el dominio de la conducta humana.
Igual que la religión ha encadenado la mente humana y como la propiedad, o el monopolio de
las cosas, ha conquistado y ahogado las necesidades humanas, el Estado ha esclavizado su espíritu, dictando cada fase de conducta. "Todo el gobierno en esencia," dice Emerson, "es
tiranía." Sin importar si es gobierno por derecho divino o regla de mayoría. En cada instancia su
meta es la subordinación absoluta del individuo.
Refiriédose al gobierno Norteamericano, el gran Anarquista americano, David Thoreau, dijo: "el
Gobierno, qué es sino tradición, aunque una reciente, tentando para transmitirse intacto a la
posteridad, pero cada instante perdiendo su integridad; éste no tiene la vitalidad y fuerza de un sencillo hombre viviente. La Ley nunca hizo al hombre ni un poco más justo y por su medio de
respeto hacia ésa, hasta los bien dispuestos son diariamente convertidos en agentes de la
injusticia."
Ciertamente, lo crucial del gobierno es la injusticia. Con la arrogancia y suficiencia-propia del Rey, el cual no podía hacer el mal, los gobiernos ordenan, juzgan, condenan y castigan las ofensas más insignificantes, mientras, manteniéndose gracias a la más grande de las ofensas, la erradicación de la libertad individual. Por lo tanto, quizá está en lo cierto, cuando ella
mantiene que "el Estado sólo busca inculcar las cualidades necesarias en el público por las
cuales sus demandas sean obedecidas y sus arcas se vean repletas. Su mayor logro es la
reducción del ser humano a un mero mecanismo de relojería.
En su atmósfera, todas esas libertades finas y más delicadas, que requieren tratamiento y una
expansión espaciosa, inevitablemente se secan y mueren. El Estado requiere una máquina paga impuestos, en la cual no hay marcha atrás, un fisco sin déficit; un público monótono, obediente, sin color, sin espíritu, moviéndose humildemente, como un rebaño de ovejas en un camino alto y recto entre dos paredes."
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